Análisis de la producción de maíz en México durante 2023-2025

El maíz grano en México cerró 2025 inmerso en una transformación profunda: menor producción que en 2023, debilitamiento del riego, redistribución territorial y deterioro del valor económico. Aunque el volumen nacional dejó de caer, la recuperación fue insuficiente para restablecer los niveles previos. El cambio más relevante no fue solamente cuánto maíz se produjo, sino dónde se produjo, bajo qué modalidad y con qué capacidad para generar ingresos.

En 2023, México obtuvo 27.55 millones de toneladas; en 2024, la producción disminuyó a 24.33 millones y, en 2025, alcanzó 24.42 millones. La caída inicial fue de 11.7% y el repunte posterior, de apenas 0.4%. El resultado acumulado representa una contracción de 11.4%, equivalente a 3.13 millones de toneladas. Por tanto, el comportamiento de 2025 describe estabilización, pero no recuperación productiva.

La superficie sembrada pasó de 6.94 millones de hectáreas en 2023 a 6.76 millones en 2025, una reducción de 2.6%. Sin embargo, la superficie cosechada aumentó de 6.44 a 6.66 millones, equivalente a 3.5%. Esta aparente contradicción surge porque la diferencia entre hectáreas sembradas y cosechadas disminuyó de 504,911 a 96,682. Pese a ello, el rendimiento nacional cayó de 4.28 a 3.66 toneladas por hectárea.

La explicación está en la transformación de las modalidades productivas. El riego redujo su producción de 14.43 a 9.42 millones de toneladas, una caída de 34.7%, mientras su superficie cosechada disminuyó 24.8%. Su rendimiento también descendió de 9.30 a 8.08 toneladas por hectárea. El temporal, en cambio, creció de 13.12 a 15.00 millones de toneladas, equivalente a 14.3%, pero con una productividad considerablemente menor.

En 2025, el temporal concentró 82.5% de la superficie cosechada y aportó 61.4% de la producción. Su rendimiento promedio fue de 2.73 toneladas por hectárea, frente a 8.08 en riego. Esto significa que cada hectárea irrigada produjo prácticamente tres veces más. La expansión del temporal compensó parcialmente el retroceso del riego, pero no pudo sustituir su capacidad para generar volumen por unidad de superficie.

El cambio también alteró los ciclos agrícolas. La producción de otoño invierno descendió de 8.96 millones de toneladas en 2023 a 4.08 millones en 2025, una contracción de 54.5%. En contraste, primavera verano aumentó de 18.59 a 20.33 millones, equivalente a 9.4%. El abastecimiento nacional quedó más concentrado en este último ciclo, aumentando la importancia comercial de sus ventanas de cosecha.

Sinaloa protagonizó el mayor retroceso. Su producción cayó de 6.66 millones de toneladas en 2023 a 3.37 millones en 2024 y 2.28 millones en 2025. La reducción acumulada fue de 65.8%, mientras su participación nacional descendió de 24.2% a 9.3%. La superficie sembrada disminuyó 56.1% y el rendimiento pasó de 12.32 a 9.55 toneladas por hectárea. La pérdida estatal superó, por sí sola, la caída nacional.

Sonora también perdió competitividad territorial al pasar de 503,014 a 115,245 toneladas, una contracción de 77.1%. Considerando Sinaloa, Sonora y ambas Baja Californias, el noroeste redujo su producción de 7.22 a 2.43 millones de toneladas. Su participación pasó de 26.2% a 10.0%. Esta contracción reconfiguró el mapa comercial y desplazó el peso productivo hacia otras regiones.

Jalisco se convirtió en el principal productor nacional durante 2025, con 3.59 millones de toneladas y 14.7% del total. Su producción superó en 2.6% la de 2023, aunque cayó 7.5% frente a 2024. Su principal ventaja competitiva fue el temporal: obtuvo 6.36 toneladas por hectárea bajo esta modalidad, más del doble del promedio nacional. Esa combinación de escala y productividad fortaleció su posición comercial.

Michoacán avanzó de 1.91 a 2.14 millones de toneladas, un crecimiento de 12.4%, y ocupó el tercer lugar nacional. El Estado de México alcanzó 1.88 millones y Guanajuato, 1.80 millones. Estas entidades, junto con Jalisco y Sinaloa, concentraron 47.9% de la producción. El occidente y Bajío aportó 8.09 millones de toneladas en 2025, equivalentes a 33.1%, consolidándose como principal región abastecedora.

Chihuahua recuperó producción durante 2025 y alcanzó 1.61 millones de toneladas, prácticamente el mismo nivel de 2023. Su competitividad radicó en el riego, con 10.96 toneladas por hectárea, mientras su temporal produjo apenas 0.91. Guanajuato presentó un contraste similar: 10.05 toneladas por hectárea en riego frente a 2.24 en temporal. Ambos estados ofrecen oportunidades productivas, pero dependen especialmente de preservar el desempeño de sus superficies irrigadas.

Zacatecas aumentó su producción 60.2%, hasta 521,091 toneladas, pero su rendimiento cayó de 5.21 a 2.89 toneladas por hectárea. El crecimiento provino principalmente de ampliar superficie. San Luis Potosí avanzó 147.9%, aunque registró solamente 1.36 toneladas por hectárea y dejó sin cosechar 12.7% de la superficie sembrada. Ambos casos muestran expansión territorial, pero todavía enfrentan limitaciones de productividad.

El sur y sureste incrementó su producción de 5.75 a 6.33 millones de toneladas y elevó su participación de 20.9% a 25.9%. Chiapas creció 12.1%; Guerrero, 9.7%; Oaxaca, 15.7%; y Veracruz, 7.2%. Sin embargo, los rendimientos permanecieron desiguales: 2.16 toneladas por hectárea en Chiapas, 3.05 en Guerrero, 1.67 en Oaxaca y 2.37 en Veracruz. Si la región alcanzara tres toneladas por hectárea, obtendría teóricamente 1.83 millones adicionales.

A escala municipal, Culiacán produjo 627,267 toneladas; Guasave, 519,554; Navolato, 460,073; y Cuauhtémoc, Chihuahua, 452,178. También sobresalieron Namiquipa, Pénjamo, La Barca y Hopelchén. Estas concentraciones permiten identificar ubicaciones atractivas para acopio, almacenamiento, comercialización, distribución de insumos y servicios técnicos. Sin embargo, los municipios sinaloenses mantienen altos volúmenes dentro de un estado cuya producción agregada disminuyó considerablemente.

La contracción económica superó ampliamente la productiva. El valor nacional descendió de 172,353 millones de pesos en 2023 a 138,310 millones en 2024 y 126,550 millones en 2025: una caída nominal de 26.6%. El precio promedio disminuyó de 6,256 a 5,183 pesos por tonelada, equivalente a 17.2%. Asimismo, el valor generado por hectárea cosechada bajó de aproximadamente 26,779 a 18,994 pesos, una reducción de 29.1%.

El deterioro fue especialmente visible en Jalisco, donde el valor producido cayó 28.8% pese al incremento de volumen respecto de 2023. Guanajuato redujo su valor 35.6% y Michoacán, 16.3%, aun cuando ambos mantuvieron o elevaron producción. Veracruz mostró el comportamiento contrario: incrementó su valor 26.0%. Estas diferencias confirman que producir más no garantiza mejores resultados económicos si el precio retrocede.

Las oportunidades más claras consisten en recuperar superficie y productividad del riego, elevar rendimientos del temporal, fortalecer regiones emergentes y desarrollar servicios alrededor de corredores municipales consolidados. El desafío estratégico no es únicamente producir más toneladas: implica generar mayor valor por hectárea, reducir pérdidas de superficie, mejorar el desempeño regional y evitar que el crecimiento productivo ocurra a costa del ingreso comercial.

Fuentes consultadas: Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023,2024 y 2025.


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